
El presidente Javier Milei fustigó hoy a ciertos sectores industriales que, a su juicio, defienden posiciones de privilegio o «kioscos», los calificó como «prebendarios hijos de puta» y sostuvo que para que el país sea grande «tienen que quebrar».
«Si queremos ser grandes, tenemos que ponernos los pantalones largos y los prebendarios hijos de puta tienen que quebrar», sentenció en el final de su discurso con el que cerró la XXIII Conferencia del Council of the Americas.
Milei lanzó esa calificación luego de criticar -sin mencionarlo- al Grupo Techint, al sostener que se había beneficiado con la prohibición de la exportación de chatarra, una restricción que le permitió adquirirla en condiciones más ventajosas, y al Grupo Aluar, luego del cierre de la planta de neumáticos FATE.
Respecto a esta última decisión, dijo que la apertura del mercado de neumáticos fue el caso «más divertido y siniestro» y se preguntó si era justo «mantener la protección» de ese sector, cuando con la apertura de las importaciones «tengo a 47 millones beneficiándose y 921 perjudicándose», en este último caso en alusión a los 920 trabajadores despedidos más el empresario Javier Madanes.
«Ni los militares»
En ese sentido, recordó que un día antes de la sanción de la ley de Modernización Laboral «nos tiraron 920 personas a la calle«, pero que de todas maneras «terminamos sacando la ley, algo que ni siquiera un gobierno militar pudo hacer».
No fue la única comparación que Milei hizo con la dictadura de 1976 a 1983, ya que en otro pasaje de su discurso volvió sobre el tema al recordar que, entre las diferentes promesas de campaña, había impulsado la reforma laboral, «algo que ni los militares hicieron».
«La batalla no es económica, la batalla es moral: si queremos ser una sociedad de inmorales seremos Sodoma, si queremos abrazar los valores judeocristianos, vamos a progresar», planteó.
Competencia
Asimismo, sostuvo que «cuando uno está en un mercado con sus competidores, lo que quiere es hacerlos desaparecer por la vía de la competencia», razón por la que «hay que tener mercados flexibles para poder reasignar los recursos».
En otro orden, evocó al economista Milton Friedman y recurrió a su frase «primero los datos» como «mejor respuesta» a la «precariedad intelectual y mala intención» de quienes critican a la política económica del Gobierno.
Al respecto, cuestionó a quienes hablan de «economía a dos velocidades» y «estupideces, como que la gente no llega a fin de mes o que el progreso tecnológico destruye empleo».
«No sé quien odia más qué, si los periodistas a los datos o los zurdos al agua», expresó.
Apertura
En su defensa de la apertura, remarcó que «Argentina es la economía más cerrada del mundo, con un coeficiente de apertura del 30% del PBI, cuando debería tener 90%; es una cárcel».
En ese sentido, abogó por la internacionalización del mercado y señaló que si alguien «quiere desarrollar un commodity básico con una escalita de 48 millones (por lo habitantes de la Argentina), contra otro que tiene 8.000 millones, no le va a ir bien».
También rechazó que eso lleve al cierre de empresas por entender que «el sistema permite la competencia y la adaptación» y puso como ejemplo que «cuando Edison inventó la lamparita, los fabricantes de velas no quebraron al día siguiente».
«Así como aparecen empresas, desaparecen otras, es un proceso absolutamente natural», acotó, para completar advirtiendo que «si se ponen restricciones, cuando se quiera abrir (la economía) el proceso será mas abrupto».