17 de noviembre de 2018, Rosario, Argentina
Orgullo nacional

No sólo el asado es lo nuestro: conocé las 4 recetas inventadas por argentinos

07 de noviembre de 2018

Entre nosotros y para el mundo, quien dice Argentina grita asado. Orgullo nacional sin duda, el famoso ritual imprime su sello de identidad criolla a lo largo y a lo ancho del país.

No sólo el asado es lo nuestro: conocé las 4 recetas inventadas por argentinos

Entre nosotros y para el mundo, quien dice Argentina grita asado. Orgullo nacional sin duda, el famoso ritual imprime su sello de identidad criolla a lo largo y a lo ancho del país. Pero si somos sinceros, no es el único personaje destacado de la gastronomía argenta.

La peculiar fusión cultural de nuestro país reúne tradiciones europeas, arábicas y aborígenes, mezcla de la cual nada podría saber mal. Lo tenemos en nuestro ADN y así en nuestros propios platos, fruto del ingenio y coraje nacional para la creación. Por eso, a continuación, 4 de los tesoros del recetario hecho en Argentina:

1) Pizza a Caballo

Traídos por los inmigrantes italianos de distintas regiones, llegaron al país dos platos protagonistas de la escena del barrio porteño: la pizza napolitana y la farinata genovesa. Junto con las masivas olas inmigratorias de 1930 y 1950, vinieron también estas dos preparaciones, dotadas de sencillez y versatilidad, decididas a quedarse. Es probable que el fainá, preparación de harina de garbanzos con agua, sal y aceite de oliva haya desembarcado primero, siendo que requiere menos ingredientes y es de menor costo.

Se vendía caliente en las calles y era preparado en hornos a leña dentro de cada hogar para acompañar las comidas. Por otro lado, la pizza napolitana elaborada con una masa fina o media, pintada con salsa de tomate y con algunos trozos de mozzarella se convirtió en un clásico rioplatense -y mundial- y dio trabajo a numerosos incipientes restaurantes con hornos a leña y atendidos por la famiglia.

El horno, ingrediente común así como el comercio gastronómico dieron lugar a la fusión de ambas masas… y es cosa nuestra: siempre un poco más. Comenzaron a venderse juntas, una sobre la otra para darle una base a la pizza con el fainá y una combinación muy peculiar que puede encontrarse en muchas pizzerías porteñas, tales como Las Cuartetas, La Continental o El Cuartito, por nombrar las tradicionales.

2) Milanesa a la Napolitana

La tan aclamada milanesa a la napolitana no fue bautizada por Nápoles, ciudad italiana… o casi. Aunque hay debates sobre su origen, se dice que tuvo lugar en un restaurante porteño llamado Nápoli -cuyo dueño sí era un italiano- y hay dos versiones de la historia. La más divertida dice que un cliente frecuente del restaurante llegó a cenar un día a última hora, cuando el cocinero ya no estaba.

El dueño del local aceptó el pedido y usando la última milanesa disponible, se excedió en el tiempo de cocción. En el intento de reparar el daño, quitó el pan quemado, agregó salsa y queso y la sirvió como versión de luxe. La versión oficial de la familia heredera del local sostiene que fue fruto de un intento exitoso -y no casual- de combinar sabores de la cocina italiana: la milanesa y la pizza margherita.

Cualquiera sea la verdad del cuento, tuvo final feliz: la milanesa a la napoli trascendió aquella cocina y reinó en todos los rincones del país. Actualmente es una de las versiones más consumidas por los argentinos. Según la plataforma PedidosYa -de hecho- es el segundo sabor pedido por delivery en El Club de la Milanesa, uno de los locales modernos que rinden verdadero culto a este plato. ¿Quién se negaría a una buena milanesa con queso, salsa y tomate?

3) Budín de pan

Ahora sí, llega el postre. El tan aclamado Budín de pan es un invento argentino fruto de la crisis que azotó a numerosas familias a principios del siglo XX. A esta triste historia le sigue un dulce desenlace para generaciones siguientes, ya que el siempre presente pan de cada día no podría desperdiciarse. Inspirándose en los famosos budines ingleses, las y los cocineros de aquel momento decidieron humedecer los sobrantes de pan duro con leche hasta que se deshiciera y endulzarlo luego.

Habrá sido algún conocedor o conocedora de los secretos de la cocina quien intentó agregar huevo y cocinarlo para darle mayor consistencia, dándole forma definitiva al postre más argentino de todos. El caramelo en el molde y los posibles agregados como ralladura de cáscara de limón o esencia de vainilla llegaron luego, con tiempos mejores y más experiencia. Actualmente, numerosos restaurantes lo ofrecen en sus menúes y así, todos ganamos.

4) Alfajores de maizena

Y por último, por qué no un dulce para acompañar unos mates… El origen del vocablo alfajor se remonta a Al-andalus y es una golosina que consiste en una masa de almendras con miel, en forma de bollitos. En el resto de España, la metamorfosis llevó a innovar con la unión de dos galletas pegadas entre sí con miel o dulce de frutas. La indiscutible influencia de la inmigración española en nuestro país trajo consigo este modo de llamar a un bocadillo dulce, pero dista de su preparación originalmente argentina.

Desde tiempos coloniales, los españoles que llegaban sólo podían cumplir el antojo dulce horneando sus propias galletas y, posteriormente con la invención del dulce de leche… ¡voila! Las galletas de maizena estarían unidas para siempre en nuestro glorioso y más suave alfajorcito.

A partir de la década del 50, casas especializadas en elaboración artesanal comenzaron a expandirse por la costa atlántica y es así que, hoy en día, marcas como Havana y Balcarce cuentan la historia en primera persona y en todos los kioscos, junto con las más de 30 marcas que siguieron sus pasos.

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